¿México tiene un proyecto de Nación?

Definición de proyecto de nación.

Lorenzo Meyer define un proyecto de nación como una propuesta de futuro colectivo defendida e impulsada por un partido o coalición. Enmarcada por una ideología, un proyecto de nación es una concepción de la naturaleza humana y de la sociedad; el proyecto de nación presenta cierto tinte de utopía pero con una finalidad concreta: buscar la solución a las grandes problemáticas de un país. Por lo tanto, propone metas y medios para alcanzarlas.(Cita al pie de página: Nuestra tragedia persistente. La democracia autoritaria en México, México, Random House Mondadori, 2013)

Breve historia de los proyectos de nación en México.

Los sistemas políticos surgen del conflicto y de la confrontación entre ideas y perspectivas distintas respecto a las diferentes formas de organización social. México independiente es un gran ejemplo de ello. En un principio, el debate estuvo divido en dos grandes bloques con dos visiones muy claras: la republicana y la monárquica. El gobierno del país transitaría de una a otra pero compartiendo un mismo fin, el de asegurar la gobernanza y consolidación de Mexico como nación. Dicho conflicto devendría, más adelante, en la lucha entre la visión federalista y la visión centralista para culminar en la disputa entre liberales y conservadores. (Meyer, 2013)
A partir del gobierno de Benito Juárez hasta la caída del régimen porfiriano sería el proyecto liberal el que dominaría la esfera política y el ejercicio del poder. El dominio contundente de esta visión de estado terminaría con el estallido de la Revolución Mexicana y un nuevo proyecto, con acento en la justicia social, se manifestaría en la Constitución de 1917 y sería dirigido por el bando triunfante: se abría paso al México postrevolucionario.
No sería hasta el debilitamiento de ese carácter social de justicia cuando el proyecto postrevolucionario entraría en crisis y, a principios de la década de los ochenta, el gobierno impulsaría un radical cambio de rumbo con la propuesta neoliberal. Esta buscaría integrar a México al proceso externo de globalización y así impulsar la modernización y el desarrollo del país. El neoliberalismo mexicano conocería dos grandes y antitéticas etapas. La primera, de corte autoritario y, la segunda, de carácter democrático.
El proyecto neoliberal estuvo cargado de promesas sociales y políticas que, sin embargo, en ninguna de sus dos etapas fue capaz de cumplir. Rogelio Ramírez de la O atribuye los resultados insuficientes del programa económico neoliberal a dos grandes causas. Por un lado, los problemas de estabilización diseñados para contener la inercia inflacionaria de la década de los ochenta fueron incompletos al no considerar el efecto que iba a tener la abrupta estabilización macroeconómica en la variable del desempleo. Por otro lado, esta reforma no cambiaría de fondo la estructura económica y social del país lo que debilitaría el crecimiento potencial en el mediano y largo plazo. Así, con un población en crecimiento constante, el débil desempeño económico se mostraría insuficiente para llevar a México por el camino del desarrollo.
Estos síntomas son los que debe preocuparle al país en este comienzo de siglo. Se debe tomar conciencia de que los resultados futuros serán fruto de las decisiones presentes, se deberá actuar con conciencia y responsabilidad. Y, siguiendo al Dr. Carlos de la Isla, fomentar el pensamiento disruptivo e innovador podría ser un buen comienzo en la búsqueda de la solución a los problemas que enfrenta el país en este nuevo contexto.

¿De quién y para quién el proyecto nacional?

El papel de la historia y los aprendizajes que pueden tomarse de ella son, en todo momento, significativos para prever y proyectar el futuro. Los proyectos de nación en México, a través de la historia se han gestado en determinada élite política, intelectual y social como respuesta a los intereses de grupos específicos y perpetuando la iniquidad y la injusticia. Partiendo de esto, Gonzalo Hernández Licona sostiene que el pasado colonial de México es una característica que innegablemente condiciona la institucionalización de la desigualdad en el país. Es momento de superarlo.
En 2016, la ciudadanía no se siente representada por su clase política y mucho menos está conforme con los resultados obtenidos. Sin embargo, la opinión pública muestra señales de conciencia ante la vida política; la participación ciudadana se da de manera más responsable y la exigencia ante los gobiernos resulta más dura y transparente. Se debe alimentar e impulsar esta tendencia. Solo un cambio generado en conjunto, tomar las decisiones correctas y actuar en los momentos correctos podrán dar giro trascendental a la historia de México.

Pacto por México.

En México, un gran paso hacia la democracia se vivió con la caída de la “dictadura perfecta” el año 2000. (Cita al pie de página: Vargas Llosa, 1990, en el debate El siglo XX: la experiencia de la libertad, Vargas Llosa habló de política mexicana y dijo: “México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”.) Sin embargo, a partir de este momento el poder se dividió y se generaron “vacíos de poder” debido a que dicha transición política se dio en un ambiente con instituciones ineficaces y poco democráticas así como un índice de corrupción crónica muy elevado. (Buscaglia, 2013)
Después de doce años de estar el Partido Acción Nacional (PAN) en el poder y sin poder lograr resultados significativos, el Partido Revolucionario Institucional(PRI) retomó la presidencia. Un día después de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto como presidente de México, se firmó un acuerdo entre las principales fuerzas políticas del país: el Pacto por México. Este pacto definiría el proyecto de trabajo del nuevo gobierno y comprometía a las distintas fuerzas políticas del país(PRI, PAN y PRD) a respaldarlo. El pacto implicaba una reestructuración del sistema político mexicano a través de 11 reformas. Destacan las reformas en materia educativa, hacendaria, energética, telecomunicaciones, competencia económica, laboral, política y financiera.
Si los acuerdos van más allá de intenciones positivas y son capaces de forjar las bases para el desarrollo a mediano y largo plazo del país, México se podrá sentir orgulloso y hacer alarde de haber salido victorioso de esta dura batalla.

Reflexiones finales.

“Toda reflexión pública no puede tener otro sentido que atender el bienestar social de un país, la cual le permita una vida con satisfacciones sociales, económicos, políticos y culturales suficientes.” (Oropeza, 2012)
El proyecto democrático neoliberal mexicano de principios del siglo XXI sigue mostrando señales de debilidad e ineficiencia. Ante las apremiantes necesidades que atañen a la mayoría de los mexicanos, el gobierno se ha mostrado incapaz de definir una meta a largo plazo que trascienda sexenios, ideales y partidos. Un proyecto nacional deficiente solo ha generado desequilibrio político y ha mermado la capacidad del estado para garantizar las condiciones básicas necesarias que permitan el pleno desarrollo de los individuos. La desigualdad y la falta de oportunidades sigue siendo un común denominador y hay problemas, como la pobreza, que siguen sin resolverse.
Sin embargo, estas condiciones no deben causar gran sorpresa. México se encuentra en una fase democrática temprana que, si logra consolidarse y completar su debido proceso de maduración, en el mediano y largo plazo orientará a México hacia el progreso y el desarrollo. Por ahora, es necesario unir fuerzas y hacer partícipes a todos los sectores de la población. Es necesario transitar de una democracia del discurso a una democracia de la acción que resulte en una mejoría palpable en las condiciones de vida de todos los mexicanos.

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